Mucho se ha hablado de la memoria, como constructora de identidades, de afectos y también de transformaciones. Pero la memoria también tiene la mágica función de traer a la vida y sacar a la luz personas, gestos, lugares que de otro modo se perderían como un eco lejano. Estra obra tiene la notoria cualidad de ser fruto de un ejercicio consciente de rescate de la memoria, de una dedicada investigación alentada por la llama de quien alumbra en sus propias raíces. Una familia que se reúne entorno al fuego del recuerdo, es la marca indeleble de estas historias reunidas con afán y cariño.
«Yo leí un libro de historia de Colonia Miguelete y vi que ahí no estaba mi madre, ¿Cómo podía ser que no estuviera la mujer que llevó 18 hijos a esa escuela y que cuidó a otros tantos, y ayudó tanto a la comunidad? Entonces dije: ‘Voy a escribir una historia donde esté la gente que realmente hizo la historia de este pueblo» Palabras del autor que desataron un alud de fervorosos aplausos y nos dejaron reflexionando sobre la importancia de dar voz a quienes no figuran en la Historia con mayúscula.
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